miércoles, 15 de octubre de 2014

Los cuatro y...

Ellos, los cuatro, y... las mochilas innecesariamente super pesadas, la guitarra que apenas fue usada, los geniazos marplatenses que conocieron en un hostel de Tilcara, la marmita que nos salvó en más de una comida, los mates compartidos para jugar al truco y hablar de todo y de nada, los mapas que casi nunca se abrieron, los spaghettis pegajozos pero inolvidables en la casa de Moisés en Humahuaca, la noche completamente estrellada de Humahuaca desde la terraza de Moisés, el misterio de "un tal Pablo" y los cálculos infinitesimales de Marcelo bajo el mismo cielo y en la misma terraza, las revolucionarias comidas bolivianas, el desayuno rancio de algún mercado de Uyuni, las primeras y formidables muchachas españolas que nos regaló el camino, las tormentas eléctricas en la Isla del Sol, los partidos de truco ganados (particularmente por Mad Max) y perdidos (también particularmente por Mad Max), el constante regateo, las formidables muchachas españolas que el Lago Titicaca nos puso por delante para que la buena energía se multiplicara, los superbanquetes de Martincho, el uruguayo y alguien que finalmente no se quejaba de cebar mates, el sueño de Machu Picchu, el hostel de Harry (que no era Potter, no no), la llegada a Machu Picchu, el caos alegre de cerveza derramada en el suelo de un segundo piso en algún hotel de Aguas Calientes, la bolsita perdida con un aerosol dentro que Nino encontró en el camino a Macchu y que llevó con él durante dos días y que pretendía dar a los policías de Aguas Calientes para que la dejaran en la sección de "objetos perdidos", los sandwiches secos, muy secos, de pan y queso de cabra, y la alegría, la inmensa alegría de recorrer un camino desconocido...

Los lugares donde nos encontramos en el camino son para mí sagrados, queridos compañeros. Hemos caminado juntos con humildad y gran satisfacción por tierras extrañas y maravillosas. Y hemos dado cada uno al otro aquello que nos ayudará en el viaje (en cualquier viaje) a ser siempre más libres.

'“Acercate al borde", le dijo. "No puedo, tengo miedo", contestó el otro. "Acercate al borde", repitió el primero. Y el otro se acercó. El primero lo empujó... y entonces el otro... levantó vuelo...'















































































"Porque el camino no termina aquí, porque apenas es el principio de un largo y feliz viaje hacia todos los destinos y hacia Uno mismo..."

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