viernes, 3 de octubre de 2014

Cachi: el epílogo inesperado

Dicen que el análisis destruye el todo. Y que algunas cosas, las cosas mágicas, deben permanecer como un todo. Si nos detenemos a mirar sus partes, desaparecen, e instantaneamente se esfuma la magia, sin dejar rastros, como si nunca hubiese estado allí.

Y Cachi es un pueblo mágico, y así elijo recordarlo. En una noche fría, poblada de estrellas, una luna casi llena, el aroma freso de las hierbas y el silencio imperturbable de las pequeñas calles que lo habitan, recordé que el camino que busco está en mí mismo, que sigo siendo un peregrino y también todos los barcos que alguna vez partieron al mar.  

Que me regocijo a veces en las preguntas sin respuesta, y que a veces también me resultan un baño de agua helada para volver a despertarme y seguir andando el camino, con la única certeza y alegría de ser capaz de reconocer la magia y, a veces, no siempre, de ser lo suficientemente sabio para no hacerla desvanecer.

En el resquicio donde la ilusión se encuentra con la realidad, ahí estás, ahí, en el camino…


No hay comentarios:

Publicar un comentario