Dicen que el análisis destruye el todo. Y que algunas cosas, las cosas mágicas, deben permanecer como un todo. Si nos detenemos a mirar sus partes, desaparecen, e instantaneamente se esfuma la magia, sin dejar rastros, como si nunca hubiese estado allí.
Y Cachi es un pueblo mágico, y así elijo recordarlo. En una noche fría, poblada de estrellas, una luna casi llena, el aroma freso de las hierbas y el silencio imperturbable de las pequeñas calles que lo habitan, recordé que el camino que busco está en mí mismo, que sigo siendo un peregrino y también todos los barcos que alguna vez partieron al mar.
Que me regocijo a veces en las preguntas sin respuesta, y que a veces también me resultan un baño de agua helada para volver a despertarme y seguir andando el camino, con la única certeza y alegría de ser capaz de reconocer la magia y, a veces, no siempre, de ser lo suficientemente sabio para no hacerla desvanecer.
En el resquicio donde la ilusión se encuentra con la realidad, ahí estás, ahí, en el camino…
En el resquicio donde la ilusión se encuentra con la realidad, ahí estás, ahí, en el camino…