Alguna que otra bandera argentina entre los manifestantes y mucho color, música y alegría.
Me pareció muy simbólico el contraste: el siglo XXI al ladito nomás del siglo I: los vestigios del viejo mundo todavía demonizan el amor entre personas del mismo sexo aunque, demencialmente, permanecen inmutables ante flagelos como el hambre, la corrupción y el dolor de los desprotegidos de todo el mundo.
Y el infierno no existe... O quizá sí exista pero, como alguien decía, "L'enfer, c'est l´Autre..."
"Afuera
es primavera, hay animales, flores, en el bosque se escuchan
los gritos de los niños que se divierten; es primavera: hace calor."
"Enamorados,
los fósforos de madera se regodean al ser frotados en el cerillero; es
primavera, acné de colegiales, y he allí a la hija del sultán y al
domador de mandrágoras, he allí los pelícanos, las flores en los
balcones, he allí las regaderas, estamos en la estación más bella del
año."
"El sol brilla para todo el mundo, no brilla en las prisiones, no brilla para los que trabajan en las minas, los que descaman el pescado..."
Llegará el día en que la palabra "infierno" será redefinida de raíz y significará solamente la incapacidad de aceptar el amor, en cualquiera de sus formas. O sea, la incapacidad de recibir la luz del sol. Y ese día, "el
lobo morará con el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito; el
becerro, el leoncillo y el animal doméstico andarán juntos, y un niño los conducirá." ¡Gente, los milagros se ven en la luz del ahora!