De casualidad encontré la música de "Pura Mandanga", un grupo alicantino que estaba tocando en vivo frente a la catedral y me sacudió, muy oportunamente, de un inútil estupor hamletiano con esto (y esta música es el primer regalo desde aquí a mis amigos y/o conocidos facebookianos):
Y esto:
http://www.goear.com/listen/3336f5f/cancion-4-pura-mandanga
El segundo regalo que les dejo desde este calor mediterráneo son las palabras de Aaron, personaje que encontré también de casualidad en el bar de tapas donde decidí sentarme a disfrutar la vibración que la música me había dejado en el cuerpo. En realidad lo había visto una hora antes tomando vino blanco, sentado con su sombrero blanco, piel blanca bronceada y melena rubia, con una guitarra en funda a los pies, tratando de entablar conversación con los demás clientes del bar.
De manera muy bizarra, empezamos a hablar de una mesa a otra, obviamente llamando la atención de las mesas vecinas y, en una charla que sería imposible de reproducir totalmente por varios motivos, me dijo, por ejemplo, que era galés y vivía en una de las cuevas del Sacromonte desde diciembre del año pasado (literalmente "cueva", en condiciones muy básicas). Que en su país tenía un trabajo estable (en el mundo de la música) pero que había decido mudarse a Granada y vivir de su guitarra (toca todas las noches en la calle).
Me contó que a sus 33 años había tenido las mejores experiencias viviendo con el dinero día a día, que cuando le sobraban unos centavos compartía todo con los gitanos del Sacromonte (que, a su vez, comparten también todo lo que tienen con quien lo necesitan, seguros de la infabilidad de la Regla de Oro) (Ah, y comparten en raciones iguales, pequeño detalle). Que mucha gente le tenía miedo al principio porque quería entablar conversación con todos los que se cruzaban en su vida.
Y también, mientras improvisaba algunas notas con su guitarra en el medio del bar, decía que el universo está dentro de uno, que el destino es tan sólo un sinónimo de "camino que elijo andar", que de nada sirve forzar las cosas... Me quedó, de esa conversación a la luz del aire granadino, solo un trocito de papel escrito por Aarón que, así como el Loco del Tarot, me llenó de una energía nueva y apasionada...