domingo, 16 de junio de 2013

Tercera estación: Roma de inmigrantes


William nació en Togo, África. Un país que desde hace décadas lucha por ser independiente. Primero, salir de las garras de Francia. Y después, hasta hoy día, una combinación de golpes de estado y el establecimiento de partidos políticos únicos impiden que la democracia eche raíces.
Conocí a William en un festival llamado “Sin Fronteras”, en Roma, organizado por el Servicio Civil Internacional (SCI) para concientizar a los italianos sobre la dura temática del tratamiento de inmigrantes que buscan asilo político, mayoritariamente de países africanos, aunque también de Asia.
Estuvimos sentados frente a frente con William durante dos horas. Juntos recordamos a Thomas Sankara y Burkina Faso. Yo le preguntaba todo lo que se me ocurría en ese momento, tratando de articular claramente cada palabra de mi pobre italiano y de agudizar mi oído para entenderlo. Él me escuchaba paciente y me decía, por ejemplo, que debido a la situación política de su país, le es imposible volver y, obviamente, ver a su familia. Y me decía, además, que Italia no había resultado ser lo que esperaba, en casi ningún sentido.
En Sudamérica estos temas no nos son nuevos, por supuesto. Cambiará el contexto y los actores. Las fechas y los tintes políticos. Pero sabemos muy bien qué implica alcanzar una verdadera independencia democrática. Y también sabemos qué implica pensar distinto y decirlo.
En un momento de la charla William agarra su valija de mano, saca muy lenta y cuidadosamente una bolsa con la palabra “Fuji” impresa, y retira algo de su interior. Me imaginé qué saldría de esa bolsa. En realidad, creí que sabía. Y creí que sabía, hasta ese instante, qué significan muchas cosas. Cuando William me terminó de explicar con un amor infinito quién era su esposa, quién su hijo, quiénes el resto de sus familiares en cada una de las pocas fotos que me mostraba, internamente sentí que un fuego de rabia y dolor me empezaba a inundar: yo sabía muy pocas cosas, me di cuenta de eso, casi sin darme cuenta. William sabía qué era el exilio, la incertidumbre total ante el presente y el futuro. Ser despojado de todo. Por pensar distinto. Volver a empezar desde cero, pero CERO de verdad.
Salí de la reunión casi corriendo. Subí a mi pieza y, mientras me cuestionaba con la intensidad y la velocidad de un huracán conceptos como libertad, ser humano, política, revolución, amor, no-violencia, nacionalismo, cerré los ojos, vi a la familia de William en mi mente, y di un largo suspiro.












2 comentarios:

  1. Excelente, Marce. Esto es viajar, como lo hacemos vos y yo. Seguí escribiendo

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  2. Un abrazo amiga!! Cuidate, estamos en contacto!!

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