William nació en
Togo, África. Un país que desde hace décadas lucha por ser
independiente. Primero, salir de las garras de Francia. Y después,
hasta hoy día, una combinación de golpes de estado y el
establecimiento de partidos políticos únicos impiden que la
democracia eche raíces.
Conocí a William en
un festival llamado “Sin Fronteras”, en Roma, organizado por el
Servicio Civil Internacional (SCI) para concientizar a los italianos
sobre la dura temática del tratamiento de inmigrantes que buscan
asilo político, mayoritariamente de países africanos, aunque
también de Asia.
Estuvimos sentados
frente a frente con William durante dos horas. Juntos recordamos a Thomas Sankara y Burkina Faso. Yo le preguntaba todo
lo que se me ocurría en ese momento, tratando de articular
claramente cada palabra de mi pobre italiano y de agudizar mi oído
para entenderlo. Él me escuchaba paciente y me decía, por ejemplo,
que debido a la situación política de su país, le es imposible
volver y, obviamente, ver a su familia. Y me decía, además, que
Italia no había resultado ser lo que esperaba, en casi ningún
sentido.
En Sudamérica estos
temas no nos son nuevos, por supuesto. Cambiará el contexto y los
actores. Las fechas y los tintes políticos. Pero sabemos muy bien
qué implica alcanzar una verdadera independencia democrática. Y
también sabemos qué implica pensar distinto y decirlo.
En un momento de la
charla William agarra su valija de mano, saca muy lenta y
cuidadosamente una bolsa con la palabra “Fuji” impresa, y retira
algo de su interior. Me imaginé qué saldría de esa bolsa. En
realidad, creí que sabía. Y creí que sabía, hasta ese instante,
qué significan muchas cosas. Cuando William me terminó de explicar
con un amor infinito quién era su esposa, quién su hijo, quiénes
el resto de sus familiares en cada una de las pocas fotos que me
mostraba, internamente sentí que un fuego de rabia y dolor me
empezaba a inundar: yo sabía muy pocas cosas, me di cuenta de eso,
casi sin darme cuenta. William sabía qué era el exilio, la
incertidumbre total ante el presente y el futuro. Ser despojado de
todo. Por pensar distinto. Volver a empezar desde cero, pero CERO de
verdad.
Salí de la reunión
casi corriendo. Subí a mi pieza y, mientras me cuestionaba con la
intensidad y la velocidad de un huracán conceptos como libertad, ser
humano, política, revolución, amor, no-violencia, nacionalismo,
cerré los ojos, vi a la familia de William en mi mente, y di un largo suspiro.
Excelente, Marce. Esto es viajar, como lo hacemos vos y yo. Seguí escribiendo
ResponderEliminarUn abrazo amiga!! Cuidate, estamos en contacto!!
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